"Es difícil ser dictador en un mundo transparente", dijo el presidente israelí Simon Peres, según el diario español El País. Hablando de las "revoluciones democráticas" que están ocurriendo en Túnez, Egipto, Libia, Yemen o Bahréin, entre otros países, Peres también dijo que Internet y las redes sociales son una nueva fuerza social, y que han permitido a los jóvenes de esas naciones a comparar sus situaciones con los de otras regiones y no dejarán que se vuelvan a tapar los ojos de los pueblos ni los oídos del mundo.
Es una nueva situación no solo para los regímenes democráticos y dictatoriales. También para los medios de comunicación, y no solo en los términos de cómo afecta o introduce nuevas rutinas de trabajo para los periodistas, tal como hemos venido comentando en este blog.
Es claro que el público tiene un mayor poder de difusión de hechos utilizando estas nuevas herramientas tecnológicas. Ya en Costa Rica, durante el referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, los comités de ciudadanos echaron mano de los blogs como mecanismo de propaganda y organización desde la base, independientemente del comando y los partidos políticos que participaron en uno u otro bando. Pero los blogs permiten publicar información, convocatorias, llamados u opiniones, no propagarla.
Las redes sociales sí facilitan la rápida difusión, tanto que los medios de comunicación deben acelerar la publicación de un hecho noticioso y hacerlo saber por medio de Facebook o de Twitter, donde de seguro ya alguien se les adelantó al menos a nivel de rumores. Aquí la función del medio, de corroborar los hechos y presentar los distintos puntos de vista frente a ellos, les permite mantener su posición y su rol públicos.
Peres apuntaba a un elemento distinto a la rápida propagación. El más temido por los gobernantes de todos los signos, no solo los dictadores: la misma difusión de hechos. Ya nadie puede ocultar fácilmente lo que está ocurriendo. Es la era del Wikiperiodismo, según la expresión de Juan Luis Cebrián, exdirector de El País y consejero actual del Grupo Prisa, al que pertenece este periódico. Tarde o temprano salen en Internet. Los políticos del mundo ya no confían en hacerle comentarios informales o formales a los embajadores y funcionarios de cualquier embajada de cualquier nación, pues un memorándum de estos últimos resumiendo las reuniones y de información a sus Gobiernos puede ser publicado en la Red, ya sea en algo parecido a WikiLeaks o en algún futuro nuevo sitio Web.
Tampoco los medios podrán darse el lujo de no publicar hechos o de mostrar solamente una cara de los mismos. Saben que no pueden atrasarse ni siquiera involuntariamente en difundir un hecho en sus sitios Web o en los medios tradicionales.
Ese es el nuevo reto. Una discusión que ya está servida en la mesa de las redacciones, tal como lo hicieron esta semana los directores de The New York Times, El País, Le Monde y The Guardian. También colocan a los periodistas ante nuevos desafíos: si ya se publican hechos en la Red, ¿cuál es el papel que nos queda? Como siempre, la profundidad, el análisis. ¿Y si en los blogs, las redes y los WikiLeaks también se cumplen las condiciones de equilibrio, corroboración de hechos, publicación instantánea, análisis e investigación de lo que otros quieren ocultar? Sin duda, los periodistas estamos también ante nuevos retos profesionales que exigen más dedicación, más elaboración, más formación profesional y más conocimientos, que al mismo tiempo sean globales, de distintos campos y especializados. (Ojo: más conocimientos. Información, cualquier cantidad de información tiene cualquiera en la actualidad. Conocimiento es la capacidad para utilizar y aplicar esa información personal y profesionalmente.)
"Las revelaciones de Wikileaks son el mayor acontecimiento periodístico de los últimos años", dijo esta semana precisamente Javier Moreno, director de El País. Y las redes, Sr. Moreno, las redes también son el mayor acontecimiento que está transformando el periodismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario