
Decía el periodista Phil Meyer que la mayoría de las cosas que necesitaba saber para su carrera de periodismo del siglo XX lo aprendió en la escuela secundaria.
Ahí le enseñaron herramientas que todavía son útiles: teclear sin mirar, escribir una simple frase enunciativa, el método científico y la Declaración de Derechos.
Como la escuela era pequeña tuvo que aprender por sí solo fotografía, en la época que se utilizaban cámaras de rollos y cuartos oscuros.
Después recibió una beca de la Universidad de Harvard, donde aprendió los métodos de investigación en ciencias sociales.
Estos métodos y técnicas fueron los que le ayudaron cuando en 1967 lo enviaron al Detroit Free Press para cubrir los disturbios raciales que se produjeron en esa ciudad.
Sus trabajos le valieron el Premio Pulitzer en la categoría de reportería general local.
Según Meyer desde entonces lo único que cambió es la cantidad de herramientas que el periodista debe utilizar, introducidas por la tecnología de la información.
El dominio de las nuevas tecnologías, por supuesto, no garantiza un buen periodismo. A lo sumo abre una vía de información independiente para todos los ciudadanos e implica una reconstrucción total del periodismo.
La clave del buen periodismo hoy es combinar esas herramientas con el dominio del lenguaje y de las técnicas de redacción, el método científico y las técnicas de investigación sociales, y los principios básicos e históricos del periodismo.
Si repasamos el plan de estudios y el contenido de los cursos, todo eso forma parte del bagaje que recibimos en la carrera.
La tarea es aprehender -sí, con la "h" intercalada- su relación directa con el quehacer cotidiano de la prensa.
Cuando como profesores fallamos haciendo esa relación directa, uno como estudiante debe tratar de averiguar de qué forma la materia tiene que ver con el periodismo en la calle.
¿O todo eso será en vano y nada más queremos el título para ir a entrevistar estrellitas futboleras?