(Foto cortesía Ronny Isla Isuiza)Un estudio de la escuela de periodismo de la Universidad de Columbia denominado Magazines and Their Web Sites (Marzo 2010), elaborado por Victor Navasky y Evan Lerner, mostró la brecha de calidad que se viene produciendo entre los contenidos dirigidos para las ediciones impresas y los que se elaboran para ser publicado en Internet exclusivamente.
Según el informe el 48% del contenido en línea es editado, pero el nivel de rigurosidad es menor. El resto son textos que se publican en la edición impresa y en Internet (41%) e incluso hay material que se publica sin que sea revisado (11%).
El estudio se realizó a finales del 2009 y se basó en las respuestas de 665 revistas, de las 3000 a las que se les envió un cuestionario de 35 preguntas.
Pero si eso ocurría en aquel momento, es probable que la preocupación deba incrementarse ahora que a la presión por la prisa para publicar lo más pronto posible una noticia (inmediatez) se le une la exigencia de reportar todos y cada uno de los detalles de un acontecimiento que los periodistas están presenciando (una conferencia de prensa relevante, un debate, un partido de fútbol, etc.), conforme ese acontecimiento se va desarrollando e incluyendo las nimiedades, lo cual se ha impuesto desde el auge de las redes sociales (instantaneidad).
¿Quién monitorea y corrige los textos cortos publicados en Facebook y Twitter por el periodista desde el lugar donde ocurre el hecho? Evidentemente la responsabilidad recae casi completamente en el periodista, lo cual exige un mayor nivel de observación, captación y registro de los hechos, junto con una comprensión clara e inmediata de lo que está pasando. Los riesgos, sin duda, son mayores.
Hay varias dificultades para alcanzar ese nivel.
El estudio demostró que la mayoría de los redactores on line provienen de los medios tradicionales, lo cual es lógico en la medida que la publicación en Internet es relativamente un fenómeno joven, que apenas tiene 15 años y casi está apenas gateando en lo que al uso de las redes sociales se refiere, por lo que hay mucho de inventar y corregir errores sobre la marcha.
En especial eso significa que el modelo de narración de los hechos se traslada mecánicamente de los medios tradicionales a la Web, lo que implica que los redactores pueden quedar satisfechos con la sola elaboración del texto, sin considerar que la publicación en línea se configura con varios elementos: el texto, los recursos multimedia (podcast o grabaciones de voz, fotografías, galerías de fotos, animaciones y los vídeo clips), el hipertexto (links o vínculos a otras páginas electrónicas que complementan el contenido), los comentarios de los usuarios (se cambia el papel de audiencia -que lee, escucha o ve- a "usadores" de ese contenido, que retroalimentan, critican y plantean nuevos ángulos) y la divulgación vía las redes sociales.
"El estudio muestra que las revistas están publicando en Internet en medio de un proceso continuo de ensayo y error", indican los autores. "El problema es que, aunque la mayoría están experimentando con los blogs, los sistemas de comentarios, y medios de comunicación social, lo que ha faltado hasta ahora son las normas para distinguir falta de éxito".
La investigación también reveló que los medios de comunicación tradicionales -al menos al final del 2009 en Estados Unidos- no tenían claridad de la visión y la misión de las publicaciones en línea (cómo sería el sitio web y que rol tendría en el modelo del negocio a largo plazo): ¿Es el futuro o un complemento, extensión o recargo de la publicación tradicional? ¿Cuál es el peso del tráfico web en la definición de los contenidos en línea e impresos? ¿Se debe re-elaborar el material dirigido a la edición impresa para que sea publicado en Internet, si se parte que en la Red 2.0 y 3.0 -con la movilidad- la narración implica comentarios, vídeo, etc.? ¿Y quién debe re-elaborar y editar estas publicaciones en línea: el mismo responsable de la edición impresa?