jueves, 1 de octubre de 2009

A preguntas tontas, respuestas trilladas

El valor de estar preparados

Al final del partido que perdió el Club Sport Cartaginés contra Liberia, en el mismo Cartago, uno de los jugadores se queda solo en medio de la cancha.

El periodista de la televisora que está cubriendo el encuentro hace la observación que no es la primera vez que ese jugador hace lo mismo cuando pierde su equipo y corre para preguntarle sobre su actitud.

Cuando se acerca, el jugador le dice que no responderá preguntas tontas y se genera un pequeño altercado donde el periodista intenta disimular acusando de mala educación a su… “entrevistado”.

Aunque sabemos –y bromeamos siempre- sobre los machotes de respuestas que tienen los jugadores de fútbol en nuestro país, bien haríamos si nos cuestionáramos sobre el fondo de la afirmación del jugador de Cartago.

Como dijo Voltaire se debe juzgar a un hombre por sus preguntas. Y a los periodistas con más razón, agregaríamos nosotros.

Las buenas preguntas no dependen, sin embargo, del ingenio, el sexto sentido o la intuición. Incluso todas estas cualidades se activan y se afinan si cumplimos religiosamente con la premisa básica de estar preparados.

Hay preguntas básicas o elementales (las “tontas”) que siempre se deben realizar para comprobar un nombre, un cargo, aclarar un término técnico o confirmar una cifra que un entrevistado brinda en el transcurso de la conversación.

Pero las preguntas fundamentales dependen del conocimiento de la realidad que tenga el periodista, que a su vez es el producto exclusivo de su esfuerzo y su sacrificio por estar preparado.

“La preparación es indispensable para todo trabajo periodístico”, dice Carlos Marín (Manual de periodismo, 2007).

Obviamente eso incluye la lectura de noticias y lectura de economía, historia y literatura, entre otras áreas, para estar al día sobre todo tipo de acontecimientos, incluyendo en áreas que no le son de su gusto.

Para alcanzar esa preparación ayuda una especialización profesional en una carrera que le ayude a realizar las coberturas y de tener un constante seguimiento de los avances en diferentes campos, a través de la lectura constante de libros, revistas y otros materiales periodísticos y profesionales.

El escritor de buenos reportajes es por definición un lector voraz”, advirtieron hace diez años José Benavides y Carlos Quintero (Escribir en prensa: redacción informativa e interpretativa, 1997).

También incluye la “preparación inmediata”, que implica la consulta de archivos (hoy cubierto por las bases de datos digitales de los mismos medios a disposición pública por Internet, que sustituye así a las hemerotecas) para obtener información o antecedentes del tema y de las fuentes, al igual que la definición de los datos que se necesitan y, con todo eso, formular las preguntas.

Así deberían resultar trabajos destacables. Sin embargo, la actualización permanente es fundamental cuando el periodista debe correr a cubrir un acontecimiento y no tiene tiempo para buscar antecedentes, definir los datos necesarios y estructurar un cuestionario básico.

Si el periodista mantiene esta actualización y tiene método (el mismo de la investigación científica y los mismos pasos para realizar reportajes y entrevistas) será reconocido por las fuentes y por su audiencia.

Así no le dará oportunidad a sus entrevistados de contestar con machotes, frases preconcebidas o respuestas trilladas de futbolista local.