lunes, 9 de noviembre de 2009
Persecusión periodística
El caso de los jamaiquinos, ocurrido la semana anterior, reveló más de los periodistas que de los problemas de seguridad del país.
Durante casi tres días (si es que algunos no han dejado todavía el tema) los telenoticieros no ahorraron exabruptos contra los inmigrantes, excepto en breves paréntesis donde indicaban que no todos eran "malos" para volver inmediatamente a recargar el discurso xenofóbico.
La supuesta solución que pedían a gritos: que las leyes de inmigración, que la ley que permite el matrimonio por conveniencia, que la portación de armas, que no dejen entrar a nadie.
Es evidente que en el país hay facilidades otorgadas por leyes laxas junto a la propia incompetencia de la policía de inmigración y de los organismos de seguridad e investigación judicial.
Pero el problema no es la inmigración.
Es el narcotráfico: este es el que introduce y expande la violencia en las calles, desde los asaltos y homicidios en casos de robos menores (celulares, computadoras, bolsos) hasta las guerras entre pandillas y ajusticiamientos.
La violencia del narcotráfico tiene réplicas en otros delincuentes, que copian los métodos y tienen acceso a armas de todo calibre para asaltar desde un bar hasta un autobús en los barrios josefinos.
El enfoque periodístico desvía el tema y apunta a soluciones parciales y temporales, pues el narcotráfico encontrará otras vías para captar ticos (en cualquier nivel social), traer mercenarios y refugiarse en el país.
Lo que se revela no solo es una falla de enfoque periodístico.
Hay problemas de formación, que hacen que los periodistas caigan en los razonamientos simplistas y peligrosos, pues le tienden la alfombra para que los políticos populistas griten a sus anchas y arrastren en ese clima de terror a los más sensatos.
La formación profesional del periodista no es solo saber la técnica (pirámide invertida, 5W, reportajes, PPF, crónica, etc.).
Es tener los elementos necesarios para discernir entre lo superficial y lo esencial de los hechos (que se obtiene con el estudio de la lógica), para ubicar los fenómenos sociales (sociología e historia) y para identificar el origen social o psíquico de las conductas (psicología).
Sin embargo, que poca atención se le da a esos cursos en la carrera universitaria o que poca importancia le damos los estudiantes y los profesores, tanto cuando aun estamos en la Universidad como en la "formación continua" después de graduados.
Y, sobre todo, que poca atención se le da a esos cursos para que nos aporten información y conocimiento sobre los hechos que cubrimos diariamente en los medios de comunicación. ¡Es como que si nunca hubiéramos llevado esos cursos!
lunes, 2 de noviembre de 2009
La Web también sufre

Con la expansión de los periódicos electrónicos en Internet alguien decretó la muerte de los medios tradicionales, en especial de la prensa y la radio.
Pues la semana anterior el sitio informativo www.soitu.es cerró...
La crisis del 2008-2009 se llevó a varios periódicos y revistas en Estados Unidos por la mezcla violenta de la baja de publicidad (el primer rubro que recortan las empresas cuando bajan las ventas) y de lectores (que a su vez suelen no renovar sus suscripciones o no comprarlos en el pregón).
Fue un impacto directo de la crisis.
¿Y cómo se explica lo de www.soitu.es? Exactamente igual, pues también la inversión en publicidad en línea cayó.
El optimismo cibernético, era al mismo tiempo una predicción apocalíptica para los medios tradicionales.
Ya había ocurrido con el auge de Internet. Antes del estallido de la burbuja de las puntocom (año 2001) el gran crecimiento del sector informático y de Internet produjo alaridos de expertos que hablaban de una "Nueva Economía".
En esta todo iba a ser por Internet: la caja de leche acababa y al pasarla por un lector óptico de código de barras o de chips, el pulpero recibía el mensaje que el cliente necesitaba le repusieran la caja de leche, el corn flakes, las verduras o el bombillo.
El caso del bombillo era de lujo: el repuesto se lo iban a llevar al cliente justo antes de que se quemara, pues en algún lugar un sistema indicaba que ya la llegaba la fecha de expiración momentos antes que ocurriera.
Incluso se dijo que el ciclo económico -auge, crisis y nuevo auge- ya no iba a existir más en esta nueva era abierta por la industria de la tecnología e Internet.
La idea era producto de dos fenómenos simultáneos de finales de los años 90 del siglo pasado.
Por un lado, la fascinación por Internet (y las inversiones que venían con ella de nuevos equipos domésticos, redes y servidores).
Por el otro, las empresas estaban comprando como locas equipos y programas informáticos para prepararse ante el Y2K (según el cual en el año 2000 ningún sistema funcionaría, pues sus registros de fechas llegaban hasta 1999).
Cuando todo el mundo había comprado nuevos equipos o sistemas para arreglar el defecto del Y2K ya nadie necesitaba más tecnología, al menos por uno o dos años, y vino el desplome.
Con esto la economía de la tecnología volvió a la realidad. La crisis también era un padecimiento del nuevo sector.
Ahora la caída de la publicidad en línea, paralelo a la caída de toda la publicidad, también golpea a los medios de comunicación en Internet. Lo mismo que a los tradicionales.
Internet lo que sí ha impactado a los medios tradicionales es en la forma cómo se realizan las cosas: el renacimiento de la noticia (aunque nunca murió), la velocidad de respuesta que se debe tener para publicar noticias, la mezcla de audios (podcast), vinculos, videos, animaciones digitales, periodismo basado en computación, etc.
Un impacto similar en la forma de hacer las cosas ocurrió cuando apareció la radio y se dijo que la prensa moriría, allá en los años veinte. O cuando nació la tele y se dijo que acabaría con la prensa y la radio.
En estas ocasiones el periodismo se adaptó... y siguió.
Réquiem por www.soitu.es. Otros medios -viejos y nuevos- sacarán provecho de su desaparición, los lectores irán a otros sitios y los publicistas también cuando regrese el auge económico.
Así es esta selva darwinista.
martes, 6 de octubre de 2009
Saber lo básico en periodismo
Primeros pasos de un periodista que se convirtió en leyenda
En agosto de 1970 Bob Woodward envió una carta a The Washington Post preguntando si había trabajo y fue recibido por Harry Rosenfeld, editor de temas metropolitanos.
Rosenfeld lo interrogó una y otra vez por qué quería trabajar en el Post si no tenía ninguna experiencia. Además competía contra otros candidatos que llevaban cinco y hasta diez años en el oficio.
Cuando le preguntó qué era una atribución, Woodward contestó que no sabía.
“Rosenfeld se agarró su cabeza”, contó Woodward en The Secret Man (2005), el libro en el que reveló 33 años después del Watergate quien fue su famosa fuente anónima en ese caso. “Mi ignorancia era mayor que mi arrogancia”.
Aun así tuvo suerte, pues se lo encargaron a uno de los subalternos, Andrew Barnes, para quien aquello era otro de los descabellados experimentos periodísticos de Rosenfeld.
La primera asignación que le dieron a Woodward fue sobre los problemas de asaltos que enfrentaban las gasolineras en las noches. Pasó dos días pensando en el tema en su apartamento y visitando decenas de estaciones de gasolina.
Cuando por fin se presentó ante Barnes, éste le preguntó si no había visto que ya The New York Times había publicado el reportaje sobre el tema. “No he leído The Times”, confesó Woodward.
Durante dos semanas le siguieron asignando otros temas y él entregaba los materiales, pero ninguno era publicado y ni siquiera habían sido editados.
No bastaba con ser suscriptor del periódico o seguidor de telenoticieros para conocer cómo se hace el periodismo, ni tener el deseo de ingresar a él.
Hay que dominar los fundamentos: la prisa y la presión por apropiarse de un tema, investigarlo, buscar a las fuentes y publicarlo antes que los otros contado la historia en forma periodística, sin la arrogancia de saberlo todo.
“Usted no sabe cómo es esto”, le dijo Rosenfeld.
Entonces le aconsejó ir a algún pequeño periódico para “aprender lo básico” y le recomendó ir al The Montgomery County Sentinel, a cargo de un exeditor del Post que tenía la habilidad de entrenar a los novatos.
Así lo hizo Woodward pese al sentimiento inicial de fracaso, ganando $115 semanales (“¡Estás loco!”, le dijo su padre) para regresar a a The Washington Post exactamente doce meses después.
“Fue un año de aprendizaje”, recordó Woodward.
Reinició el 15 de setiembre de 1971 con una paga de $165 por semana, desde las 6:30 p.m. hasta las 2 a.m. cubriendo sucesos: incendios, tiroteos, crímenes callejeros y el departamento de policía donde asistía para encontrar historias.
Hasta que el sábado 2 de julio de 1972 fue llamado para que cubriera un incidente ocurrido en el hotel Watergate, que desencadenó la saga que llevaría a la renuncia de Richard Nixon a la presidencia de Estados Unidos, el auge el periodismo investigativo y la larga trayectoria periodística de Bob Woodward (derecha en la foto) y de su colega Carl Bernstein (izquierda en la foto).
jueves, 1 de octubre de 2009
A preguntas tontas, respuestas trilladas
El valor de estar preparados
Al final del partido que perdió el Club Sport Cartaginés contra Liberia, en el mismo Cartago, uno de los jugadores se queda solo en medio de la cancha.
El periodista de la televisora que está cubriendo el encuentro hace la observación que no es la primera vez que ese jugador hace lo mismo cuando pierde su equipo y corre para preguntarle sobre su actitud.
Cuando se acerca, el jugador le dice que no responderá preguntas tontas y se genera un pequeño altercado donde el periodista intenta disimular acusando de mala educación a su… “entrevistado”.
Aunque sabemos –y bromeamos siempre- sobre los machotes de respuestas que tienen los jugadores de fútbol en nuestro país, bien haríamos si nos cuestionáramos sobre el fondo de la afirmación del jugador de Cartago.
Como dijo Voltaire se debe juzgar a un hombre por sus preguntas. Y a los periodistas con más razón, agregaríamos nosotros.
Las buenas preguntas no dependen, sin embargo, del ingenio, el sexto sentido o la intuición. Incluso todas estas cualidades se activan y se afinan si cumplimos religiosamente con la premisa básica de estar preparados.
Hay preguntas básicas o elementales (las “tontas”) que siempre se deben realizar para comprobar un nombre, un cargo, aclarar un término técnico o confirmar una cifra que un entrevistado brinda en el transcurso de la conversación.
Pero las preguntas fundamentales dependen del conocimiento de la realidad que tenga el periodista, que a su vez es el producto exclusivo de su esfuerzo y su sacrificio por estar preparado.
“La preparación es indispensable para todo trabajo periodístico”, dice Carlos Marín (Manual de periodismo, 2007).
Obviamente eso incluye la lectura de noticias y lectura de economía, historia y literatura, entre otras áreas, para estar al día sobre todo tipo de acontecimientos, incluyendo en áreas que no le son de su gusto.
Para alcanzar esa preparación ayuda una especialización profesional en una carrera que le ayude a realizar las coberturas y de tener un constante seguimiento de los avances en diferentes campos, a través de la lectura constante de libros, revistas y otros materiales periodísticos y profesionales.
“El escritor de buenos reportajes es por definición un lector voraz”, advirtieron hace diez años José Benavides y Carlos Quintero (Escribir en prensa: redacción informativa e interpretativa, 1997).
También incluye la “preparación inmediata”, que implica la consulta de archivos (hoy cubierto por las bases de datos digitales de los mismos medios a disposición pública por Internet, que sustituye así a las hemerotecas) para obtener información o antecedentes del tema y de las fuentes, al igual que la definición de los datos que se necesitan y, con todo eso, formular las preguntas.
Así deberían resultar trabajos destacables. Sin embargo, la actualización permanente es fundamental cuando el periodista debe correr a cubrir un acontecimiento y no tiene tiempo para buscar antecedentes, definir los datos necesarios y estructurar un cuestionario básico.
Si el periodista mantiene esta actualización y tiene método (el mismo de la investigación científica y los mismos pasos para realizar reportajes y entrevistas) será reconocido por las fuentes y por su audiencia.
Así no le dará oportunidad a sus entrevistados de contestar con machotes, frases preconcebidas o respuestas trilladas de futbolista local.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Una mezcla posible
Desequilibrios entre el interés público y el interés del público
El caso Watergate abrió una época dorada del periodismo de denuncia, en particular en el campo político que se extendió décadas después con éxitos puntuales en varios países, incluyendo ahí las denuncias de los casos Alcatel y Caja-Fischel en Costa Rica.
Con el crecimiento de las ciudades, el boom de posguerra en crisis y una población con mayor educación hubo un cambio en la naturaleza de las noticias, “más críticas, ponderadas y contenciosas”, donde cualquier omisión descalificaba al medio. En ese entonces la noticia dejó de ser marginal y se convirtió así en un ritual básico de la sociedad contemporánea, según Ben Bagdikian (Las máquinas de información, 1971).
Al final de década de los 70 la creciente influencia del reaganismo y el thatcherismo acompañó el desplazamiento del papel del Estado por el mercado con las técnicas de gestión corporativa y de mercadotecnia, como instrumentos de desarrollo de cualquier tipo de organización.
Esta visión también encalló en la prensa, en particular a través del principio básico de la mercadotecnia de identificar las necesidades, segmentar los públicos y gestionar la información y la noticia en función de ellos como un producto.
Las audiencias pasaron a ser consumidores segregados en nichos específicos o agrupados en el mercado, en lugar de ciudadanos con capacidad de crítica, elección y participación política.
Empresarialmente implicó el fortalecimiento y modernización de los medios de comunicación, haciéndolos capaces de determinar tendencias en el mercado y descubrir vetas de generación de ingresos necesarios para su sobrevivencia.
En los extremos se encuentran los medios que no lograron desarrollar su área comercial, de publicidad y de distribución, por un lado; así como los que determinan los temas, enfoques y posiciones editoriales a partir de quién pauta o no, incrementando la influencia de grupos de poder político, económico y empresarial.
La tendencia produjo el desarrollo de un nuevo tipo de periodismo: de servicio, un espacio para ser inclusivos con los temas que eran marginales por ser intelectualmente degradados en la agenda de los periodistas y de los medios.
Empezaron a ganar terreno los problemas de salud, estilo de vida, tecnología, empresas, entretenimiento y moda. Eso no estuvo mal del todo, pues se avanzó en la educación y preparación del público.
Sin embargo, la posición del periodismo de servicio creció de la mano del sensacionalismo en sucesos, deportes masivos y entretenimiento, desplazando las notas o reportajes “duros” en esos mismos campos, los enfoques críticos y de investigación o denuncia.
Había ambiente para que fuera así (¿todavía lo hay?) dado el cansancio por las denuncias políticas, así como el debilitamiento de los partidos políticos, su falta de respuestas a nuevas agendas públicas, su decadencia intelectual y la carencia de renovación de sus cuadros y estructuras.
Los temas de “interés público” en política y economía -¿los que interesan a la élite?- viven en la actualidad un pulso con lo que “interesa al público”, los temas que hacen referencia directa a las necesidades y que conmueven psicológicamente, según la conceptualización de Concha Edo (Periodismo Informativo e Interpretativo: el impacto de Internet en la noticia, las fuentes y los géneros, 2009).
La importancia que adquirieron las necesidades del público para determinar el contenido periodístico no necesariamente significa que estén comprendidas todas las que se deberían contemplar.
No se incluyen las necesidades insatisfechas de las llamadas minorías (negros, grupos de diversa orientación sexual, poblaciones indígenas, inmigrantes internos y desde otros países), de las comunidades (servicios, ambiente, desarrollo urbano, seguridad) y de los grupos de edad (infancia, juventud, adultos mayores).
Podría tratarse de un simple problema de balance de espacios, que buena parte de los medios carecen.
Como las revistas de videojuegos, que muestran una inclinación a las notas de impulso de productos como forma de servicio, pero carecen de materiales que orienten a sus públicos sobre los riesgos de salud y ambientales de las consolas, así como no introducen análisis de las estrategias de los fabricantes para obtener clientes que alerte a éstos sobre las ofertas, lanzamientos y sistemas de consumo, en buena medida porque no hay independencia editorial de estos publicities de las empresas.
Como en las revistas de estilo de vida, belleza, salud y fitness, donde si bien las notas de servicio permiten educar al público en técnicas y conocimientos elementales, carecen de un análisis de cada industria respectiva y de investigaciones sobre sus prácticas de comercialización.
Como los telenoticieros donde el predominio de los sucesos, fútbol y el espectáculo se suma al tratamiento superficial o sensacionalista de los temas de economía, política, instituciones, regiones, comunidades, mujeres, minorías, cultura y ambiente.
Es obvio al final de cuentas, que se trata –más que de un asunto de espacios- de la generación parcializada de enfoques y que es una cuestión de dirección periodística.
Restablecer el balance depende de la preparación de los periodistas para complementar la agenda noticiosa, las necesidades y gustos de mercado, la participación política de la ciudadanía y sus demandas, probablemente cuando se dé el movimiento de retorno del péndulo.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Entre el vicio y la perfección
Indentificar los vicios actuales más usuales es la primera tarea para el buen ejercicio de la profesión, aunque la perfección sea el estado de un elemento de la materia aún no descubierto.
¿Cuáles son esos vicios?