viernes, 25 de septiembre de 2009

Una mezcla posible

Desequilibrios entre el interés público y el interés del público

El caso Watergate abrió una época dorada del periodismo de denuncia, en particular en el campo político que se extendió décadas después con éxitos puntuales en varios países, incluyendo ahí las denuncias de los casos Alcatel y Caja-Fischel en Costa Rica.

Con el crecimiento de las ciudades, el boom de posguerra en crisis y una población con mayor educación hubo un cambio en la naturaleza de las noticias, “más críticas, ponderadas y contenciosas”, donde cualquier omisión descalificaba al medio. En ese entonces la noticia dejó de ser marginal y se convirtió así en un ritual básico de la sociedad contemporánea, según Ben Bagdikian (Las máquinas de información, 1971).

Al final de década de los 70 la creciente influencia del reaganismo y el thatcherismo acompañó el desplazamiento del papel del Estado por el mercado con las técnicas de gestión corporativa y de mercadotecnia, como instrumentos de desarrollo de cualquier tipo de organización.

Esta visión también encalló en la prensa, en particular a través del principio básico de la mercadotecnia de identificar las necesidades, segmentar los públicos y gestionar la información y la noticia en función de ellos como un producto.

Las audiencias pasaron a ser consumidores segregados en nichos específicos o agrupados en el mercado, en lugar de ciudadanos con capacidad de crítica, elección y participación política.

Empresarialmente implicó el fortalecimiento y modernización de los medios de comunicación, haciéndolos capaces de determinar tendencias en el mercado y descubrir vetas de generación de ingresos necesarios para su sobrevivencia.

En los extremos se encuentran los medios que no lograron desarrollar su área comercial, de publicidad y de distribución, por un lado; así como los que determinan los temas, enfoques y posiciones editoriales a partir de quién pauta o no, incrementando la influencia de grupos de poder político, económico y empresarial.

La tendencia produjo el desarrollo de un nuevo tipo de periodismo: de servicio, un espacio para ser inclusivos con los temas que eran marginales por ser intelectualmente degradados en la agenda de los periodistas y de los medios.

Empezaron a ganar terreno los problemas de salud, estilo de vida, tecnología, empresas, entretenimiento y moda. Eso no estuvo mal del todo, pues se avanzó en la educación y preparación del público.

Sin embargo, la posición del periodismo de servicio creció de la mano del sensacionalismo en sucesos, deportes masivos y entretenimiento, desplazando las notas o reportajes “duros” en esos mismos campos, los enfoques críticos y de investigación o denuncia.

Había ambiente para que fuera así (¿todavía lo hay?) dado el cansancio por las denuncias políticas, así como el debilitamiento de los partidos políticos, su falta de respuestas a nuevas agendas públicas, su decadencia intelectual y la carencia de renovación de sus cuadros y estructuras.

Los temas de “interés público” en política y economía -¿los que interesan a la élite?- viven en la actualidad un pulso con lo que “interesa al público”, los temas que hacen referencia directa a las necesidades y que conmueven psicológicamente, según la conceptualización de Concha Edo (Periodismo Informativo e Interpretativo: el impacto de Internet en la noticia, las fuentes y los géneros, 2009).

La importancia que adquirieron las necesidades del público para determinar el contenido periodístico no necesariamente significa que estén comprendidas todas las que se deberían contemplar.

No se incluyen las necesidades insatisfechas de las llamadas minorías (negros, grupos de diversa orientación sexual, poblaciones indígenas, inmigrantes internos y desde otros países), de las comunidades (servicios, ambiente, desarrollo urbano, seguridad) y de los grupos de edad (infancia, juventud, adultos mayores).

Podría tratarse de un simple problema de balance de espacios, que buena parte de los medios carecen.

Como las revistas de videojuegos, que muestran una inclinación a las notas de impulso de productos como forma de servicio, pero carecen de materiales que orienten a sus públicos sobre los riesgos de salud y ambientales de las consolas, así como no introducen análisis de las estrategias de los fabricantes para obtener clientes que alerte a éstos sobre las ofertas, lanzamientos y sistemas de consumo, en buena medida porque no hay independencia editorial de estos publicities de las empresas.

Como en las revistas de estilo de vida, belleza, salud y fitness, donde si bien las notas de servicio permiten educar al público en técnicas y conocimientos elementales, carecen de un análisis de cada industria respectiva y de investigaciones sobre sus prácticas de comercialización.

Como los telenoticieros donde el predominio de los sucesos, fútbol y el espectáculo se suma al tratamiento superficial o sensacionalista de los temas de economía, política, instituciones, regiones, comunidades, mujeres, minorías, cultura y ambiente.

Es obvio al final de cuentas, que se trata –más que de un asunto de espacios- de la generación parcializada de enfoques y que es una cuestión de dirección periodística.

Restablecer el balance depende de la preparación de los periodistas para complementar la agenda noticiosa, las necesidades y gustos de mercado, la participación política de la ciudadanía y sus demandas, probablemente cuando se dé el movimiento de retorno del péndulo.

1 comentario:

  1. Hola profe... exito con el blog... la primer nota es genial (supongo que no podia esperar menos de ud? ... )Espero nos veamos pronto... y si tiene tiempo lo invito a que se de una vuelta por mi blog... bendiciones!

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