
En el programa de este domingo de Zona Técnica, el presentador deportivo Jorge Martínez mencionó que recibió una invitación para un congreso del fútbol local y que la descartó ("¿Para qué ir?"), en alusión a que los dirigentes toman las decisiones de todas formas sin considerar ningún criterio distinto al que ya tienen.
Pero inmediatamente su compañero de mesa, Everardo Herrera, le indicó sin animo de reprenderlo: "Los periodistas no somos protagonistas".
Esa es una máxima que muchos olvidan con suma rapidez. Algunos ya desde las aulas creen que bastará con su superconocimiento y luego terminan frente a las cámaras, micrófonos o computadoras con la pose de personaje central, por encima de las fuentes o sus audiencias.
En el periodismo la única pose válida es la de investigar y observar permanentemente la realidad, tener humildad y defender la independencia profesional para hacer las preguntas que deben hacerse.
Pero, en particular, supone que frente a los hechos no debemos asumir ninguna posición política, religiosa o estética, independientemente de lo que realmente creemos, pensemos y queremos.
Hay quienes consideran que los periodistas podrían sustituir a las fuerzas sociales en el cambio social, aunque en verdad lo único que nos corresponde es ver cuál de los grupos (y por qué) logran o no imponerse en un determinado momento de la actualidad que nos toca cubrir.
El periodismo comprometido es mantener la distancia suficiente y militar con la independencia, incluso cuando se es parte de un partido político, de una iglesia, de un grupo ecológista o feminista, o de una fundación de beneficiencia.
El hecho de evitar asumir una posición no es autocensura y no implica ninguna restricción de la libertad personal. El género de opinión incluso debe ser ejercido con el mismo profesionalismo que cuando se elabora un reportaje.
Lo que debemos evitar es pensar que lo sabemos todo, aunque tengamos años cubriendo un área específica. Si nos damos esos aires, en realidad lo único que haremos es demostrar nuestra completa ignorancia, pues en este oficio como reporteros llegamos a saber de todo y a no conocer nada pasando siempre sobre la superficie de los hechos y fenómenos sociales, económicos y naturales.
Al hacerlo revelamos nuestra posición a favor o en contra de algo, de alguien o de un concepto, propuesta o idea, provocando que algunas fuentes crean que podrían aprovecharse para llevar agua a sus molinos.
Otras fuentes desconfiarán y se negarán a darnos su versión, en especial si es opuesta a la inclinación que les revelamos explicita o implicitamente.
Así, cuando asistimos a un congreso o cualquier tipo de evento será para ver las propuestas de los verdaderos protagonistas de los hechos, sean "buenos" o "malos", y para llevar la información, la explicación y las preguntas críticas al público sobre lo que ahí ocurrió.
Nada más.