
Este domingo en la mañana dos paneles de televisión, en los que participaron periodistas y comentaristas, tenían sentados en el banquillo de los acusados a los mismos periodistas y al periodismo que se está produciendo en la actualidad.
En un caso la cadena CNN dio la palabra a varios "expertos" estadounidenses donde el tema fue el papel de los comentaristas y de los colegas en el clima de polarización que vive Estados Unidos (EE. UU.), y en el cual se enmarcan los hechos violentos ocurridos hace unas semanas en Tucson, Arizona. La preocupación también derivó en si se están cumpliendo "los principios periodísticos".
En el segundo caso en Teletica se hablaba de la falta de crítica del periodismo deportivo costarricense respeto al desempeño de la selección de fútbol en la copa regional que se realiza en Panamá. Un futbolista dejaba al desnudo que también a ellos -como el público ya lo había advertido- se sentían incómodos frente a las consabidas preguntas tontas, simplonas, sin contenido y que se enfocaban en lo evidente de los periodistas que normalmente cubren los eventos (citó el caso de un periodista que le preguntó a un futbolista expulsado: "¿Lo expulsaron?").
Lo que sucede en EE. UU. retrata cómo la tradicional toma de postura de los medios estadounidenses respecto a la política en ese país dio lugar a toda clase de excesos. En EE.UU. es aceptado que los grandes medios se pronuncien incluso por un candidato presidencial. Se hace desde el editorial, mas se supone que no se debe emular en el reporteo diario. Se supone que éste debe mantener el equilibrio de fuentes, la presentación de todos los puntos de vista, las razones de cada una de las partes en conflicto.
Sin embargo, desde el centro estadounidense donde ha residido la población tradicionalista y ha resurgido el movimiento conservador ("American Tehocracy" dijo el republicano Kevin Philips) empezó el fenómeno de comentaristas y políticos que comulgan abiertamente con ortodoxias religiosas y grupos de derecha neofascistas, que arremetían contra los grupos minoritarios, los derechos de las mujeres, de las libertades individuales y de cualquiera que defendiera a éstos, identificados como "liberales" (que en EE. UU. es sinónimo de izquierdistas) y ubicados por estos comentaristas en la prensa de las costas. El fenómeno pasó de los medios locales al nivel estatal y alcanzó hasta las cadenas nacionales, en especial Fox News.
El otro bando se atrincheró también. Había resurgido de las cenizas de los ochos años de Bush con el entusiasmo y la esperanza levantada por Obama-candidato, pero se vieron atacados por los comentaristas de la derecha cuando ésta tomó la contraofensiva al día siguiente que Barack llegó a la Casa Blanca, el Tea Party empezó a dar saltos de lobo hambriento, y los republicanos alcanzaron la mayoría en el Congreso en noviembre anterior.
Ahora los comentaristas de ambos bandos se rasgan las vestiduras por lo ocurrido en Tucson. Los ataques y las lavadas de manos se repiten por doquier. Las caricaturas salpican (las incluimos como evidencia y sin censuras).
Solo que ambos bandos respaldaron la guerra de Irak en los tiempos de Bush y se hicieron eco de las pruebas falsas que mostró el gobierno estadounidense para justificar la vendetta contra Saddam Hussein, han sido complacientes con los militares por su incapacidad para atrapar a Bin Laden, y en la crisis económica descubrieron el agua tibia sobre las especulaciones financieras solo cuando el derrumbe parecía total, suplicando por un milagro que detuviera el caos inminente y ahora desviando la vista cuando las viejas prácticas financieras empiezan a desarrollarse.
Ya John Dos Passos había mostrado en su Trilogía USA y en Manhattan Transfers cómo premeditada guerra contra España y la calculada participación de EE.UU. en la en carnicería de la primera guerra mundial había sido alentada por la prensa estadounidense de la época.
En el caso tico simplemente podríamos hablar de falta de preparación, abandono premeditado de las tareas más elementales que debemos cumplir en esta labor, y de desinterés y negligencia.
Empero el fenómeno es más complejo dado los intereses de las televisoras en determinados equipos de fútbol, los futbolistas que se comportan como figuras del espectáculo y no dan declaraciones si se los crítica, el comercio que se genera alrededor de la selección, los narradores y comentaristas que se colocan la camiseta de los principales equipos, y en general la incultura deportiva que llega al desastre tanto como los mismos futbolistas carecen de las habilidades elementales que se enseñan en cualquier plaza y en cualquier mejenga en el país.
Muy interesante profe . De hecho en diciembre pasado cuando termine el bachillerato y estaba en una reunión familiar y comentaba de finalización del mismo me decían que esperaban no verme en televisión haciendo preguntas estupidas
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